
A pesar de que el uso de rodenticidas en la eliminación de ratas es un tratamiento efectivo, su uso cada vez está más controlado, ya que puede afectar a nuestras mascotas o a las personas que se encuentren en el lugar de aplicación. Por suerte, las empresas de control de plagas cuentan con diversos mecanismos para poner fin a la presencia de roedores en comunidades, empresas o establecimientos, pero el uso de raticidas sigue siendo una herramienta empleada.
Ratas y ratones son una de las plagas urbanas más habituales, y al ser vectores de transmisión de enfermedades, su control y erradicación está más que justificada.
Además, la capacidad de reproducirse de manera rápida y la complejidad a la hora de efectuar las tareas de desratización, hacen que haya que actuar con celeridad ante su presencia. Dentro de los diferentes tratamientos, existen medios físicos y químicos que se pueden aplicar a la vez o de manera programada, siempre con un mismo objetivo: la eliminación de los roedores de forma efectiva y duradera.
¿Qué son los rodenticidas?
Un rodenticida, también conocido como raticida, es un compuesto químico que se emplea para controlar, eliminar o reducir la presencia de roedores. Su uso era muy común hasta hace un tiempo, pero cada vez está siendo más limitado, debido a una legislación bastante restrictiva.
Se trata de una sustancia cuya textura y olor son realmente atractivos para los roedores, siendo su consumo letal para esta especie.
De hecho, en el sector del control de plagas existen diferentes tipos de rodenticidas clasificados como de acción inmediata o retardada. Como su nombre indica, los primeros actúan rápidamente, mientras que los segundos, también conocidos como los anticoagulantes, tienen un efecto más retardado y son más efectivos.
¿Cómo funcionan?
Dentro de los diferentes tipos, las compañías de gestión de plagas emplean los raticidas anticoagulantes. Su principal característica radica en que provoca la muerte del roedor entre 2-4 días después de la ingesta. Las ratas no relacionan su muerte con la ingesta de esta sustancia, por lo que no la rechazan, siendo un método muy efectivo.
Junto con el empleo de rodenticidas anticoagulantes, existen otras opciones como la brometalina (daña el sistema nervioso), fosfuro de zinc (gas letal) o el colecalciferol (incremento de los niveles de calcio en la sangre).
Eso sí, la labor no consta sólo en colocar el raticida en un determinado lugar, y ya está. Ratas y ratones pueden sospechar del “alimento” y dejar de ingerirlo e irse a otros lugares. Por eso, la formación y la experiencia de las empresas de sanidad ambiental resultan fundamentales. Sabrán qué compuesto debe ponerse, dónde y harán un seguimiento de la actividad para comprobar que avances se han dado.
Para el correcto uso de los rodenticidas no solo se deben tener conocimientos para que la desratización sea un éxito, sino también tienen que ser manejados con precaución, ya que puede ser peligroso para otros animales (mascotas) y hasta para los humanos. Por eso, ante la más mínima sospecha de la presencia de roedores, consulta a técnicos de control de plagas. Además de aplicar estas sustancias de forma segura, se encargarán de complementarla con otro tipo de tareas que garanticen la solución al problema.
